MARCA PÁGINAS

Mientras él pasaba largas horas de lectura en el porche de su casa, ella también disfrutaba de un merecido descanso, sentada en la mecedora de su abuela. Al tiempo que se mecía, miraba con media sonrisa la carita de su bebe. Lo sostenía en brazos y lo llenaba de caricias con dulces gestos. Alzó la vista y ahí estaba él. Él, que le había dado mucho más, de lo que jamás hubiese podido soñar.

Quiso hacer eterno aquel momento y para que fuese un recuerdo inborrable en sus memorias, lo convirtió en palabras y las grabó en el reverso del regalo que le entregaría el día de su aniversarío.

Así aquel recuerdo, acompañó los momentos de deleite de su marido junto a un libro, por el resto de su vida.

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